De la nada.


En el mismo lugar donde se detiene la felicidad de la nada,
en el lugar justo donde se posa siempre una lepidóptera a las cinco,

entre mi clavícula izquierda y mi ojo ciego.
En ese lugar, en ese preciso lugar encontré mi esperanza.

No recordaba donde la había dejado.
Lo malo, lo malo es que no quiso venir conmigo...


Crisálida Invernal

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