Del otro lado del laberinto.


Sobrevivimos del laberinto de la angustia al despertar...
nunca fuimos más hermosos.
a pesar de ese silencio acumulado en la pared...
de esos ratos desnudos,y el abrazo dormido de tus manos cuando arden
bajo mi palpitante piel.

Retraídos y lejanos…
Como si quisieran olvidar sus huellas,
como si pudieran olvidar las suyas.


Tilo Nurmi/Crisálida Invernal

Tu olor en mi memoria.


Quiero acariciar tu piel, sólo eso,
pasar mis dedos por tu cuello,

sentir el calor de tu piel con mis yemas,
jugar con tus cabellos,

enredar tus rizos y respirar en tu nuca,
y quedarme con tu olor en mi memoria.


Crisálida Invernal

Reencontrar.


Debía perpetuar la belleza si existiera...
le temblaba la memoria.
y creía que desnuda
podría reencontrarse.


Tilo Nurmi

De la nada.


En el mismo lugar donde se detiene la felicidad de la nada,
en el lugar justo donde se posa siempre una lepidóptera a las cinco,

entre mi clavícula izquierda y mi ojo ciego.
En ese lugar, en ese preciso lugar encontré mi esperanza.

No recordaba donde la había dejado.
Lo malo, lo malo es que no quiso venir conmigo...


Crisálida Invernal

Ojo espectador.


Cuando el cielo se desploma y se reencuentra con el mar,
los dioses de la ira, se revelan ante ella...


con tormentas de nieve y heridas en la boca,

olores nauseabundos anuncian la debacle...


es el ojo espectador que agiganta remolinos,


cuando ella se desnuda, la muerte se detiene a husmear por la ventana.


Tilo Nurmi

Transparente casi.


Vuelvo a cerrar los ojos, vuelvo a entrar en mi sueño, me besa entonces, y su prolongado y pegajoso beso, me hace más blanca, diáfana, transparente casi.


Fragmento.
Crisálida Invernal

Aire calido.


Yo estaba muerta,
vituperando hasta la inopia en la que me sumergía,
el aire cálido de tus caminos pedregosos me despertó,
me hizo volver.
Vuelvo a sentir la sangre en mis mejillas.

Incluso, creo sentir deseo....


Crisálida Invernal

Sueño desnudo.


Podría desaparecer en un silencio

y dejar que el sol me inunde,

mezclarme con el aire y ser la arcilla que moldea

el borde de las rocas,

levantar un precipicio entre dios y mi futuro,

olvidarme de las horas, de los libros, los placeres...


volver a ser un lienzo o el tapiz de una silla,

y ver rodar mi cuerpo entre las hojas de un otoño,

en soledades infinitas, de gentes sin nombres,

ser el sueño desnudo de un hombre que se duerme en el

ojo de un volcán.



Tilo Nurmi